Decile que es la más linda del mundo. Hacelo todos los días. Fijate en los detalles. Seguro tiene rasgos preciosos, únicos. No dejes de recordárselos. Si quiere cuidarse, acompañala. Mostrale el mejor camino. Decile que es por su salud. Que nunca va a ser perfecta. Que no necesita serlo.
Habla con tu hija de belleza antes de que lo haga la industria. Es el eslogan de un anuncio que ya tiene varios años. Lo vi hace poco de nuevo. Y me impactó. No le damos importancia al tema. Hasta que llega un día que, sin darte cuenta, no sos lo bastante alta, lo bastante flaca, y empieza el calvario personal de las dietas y otras torturas para acertar con las tallas que te impone el mercado.
Es una guerra muy dura. Se nota en los consultorios: cada vez más pacientes con trastornos alimentarios buscan ayuda. Y ya se ven casos de 9 o 10 años. La presión del contexto cultural por tener y mostrar un cuerpo delgadísimo ya no tiene límites. Hace que los chicos quemen etapas.
¿Cómo salirse del mandato? Reconocer la belleza real puede ser el primer paso. Y hablarles de eso a nuestras hijas, antes que la industria lo haga. Si te sirve, no olvides esta remanida pero muy útil frase de Bob Marley que dice: “la curva más hermosa de una mujer es su sonrisa”.